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Columnas


Última actualización de esta sección: Viernes 29 de agosto de 2008. 
 
 
 
CONTEXTOS                     TLCAN 
            Eduardo García Silva                                       Rodrigo A. Medellin Erdmann
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 CONTEXTOS
 
 
 
Viernes 29 de agosto de 2008.
 
Eduardo García Silva
 
¡Que repiquen campanas! ¡que los perros ladren!
 
Fallo a favor del aborto en las primeras semanas de embarazo. La Suprema Corte de Justicia de la Nación da un paso solidario con el pueblo; sobre todo con las mujeres que no tendrán que exponer más sus vidas de manera estúpida por creencias religiosas o coerciones moralistas. El representante de Derechos Humanos parecía leer sin hacer metáfora el nombre de dicha Organización no gubernamental, a saber, en masculino; quizá habría que haberle explicitado antes que derechos humanos es el plural que incluye a los derechos de las humanas. Por cierto que se le veía ayer mismo caminando hombre con hombre… perdón, hombro con hombro al lado del cavernal… perdón ¡Dios mío!, del cardenal Norberto Rivera en un coloquio.
 
 
 
Soberanes y Rivera Carrera
Fuente: La Jornada.
 
 
Aquellos que no ejercen su sexualidad (¿será cierto?) siguen pretendiendo dictar a los otros cómo vivir la suya. Las afortunadas palabras de una mujer en la Suprema Corte de Jusitica, Olga Sánchez Cordero, son insustituibles, helas aquí: “este es un problema que nos rebasa como sociedad. Una manera eficaz de ayudar a las mujeres es despenalizarlo, sacarlo de la clandestinidad para poder enfrentarlo y remediarlo, para evitar la muerte de mujeres que no abortan por maldad, ni por delincuencia, sino por necesidad”. Y subrayó: “la ley civil debe ser compatible con el Estado social, al margen de mis creencias religiosas, como integrante del más alto tribunal del país, en una República representativa, democrática y federal, cuyos principios democráticos reposan sobre la premisa de un Estado laico, no tengo por qué imponer mis convicciones personales a mis conciudadanos”. En contrapartida el cardenal Norberto Rivera sentenció “Ninguna Corte puede contradecir la ley suprema de Dios que nos ordena ¡no matarás!”. ¡Si Ratzinger hubiera estado convencido de eso cuando participó de la empresa nazi! El cardenal hace pública su oposición  abiertamente en contra del sistema legislativo y de justicia de una república que, sin embargo, se lo permite al no sancionar sus intervenciones conforme a la ley. En fin, como dijo Don Quijote: “que los perros ladren”, aunque en esta ocasión las campanas repicaron, no habría perros suficientes.
 
 
La ministra Olga Sánchez Cordero.
Fuente: La Jornada.
 
 
La cuestión que debemos plantearnos es : ¿por qué la influencia de los sacerdotes sigue teniendo tal peso en una sociedad como la mexicana? Así como se dice que cada pueblo tiene el gobierno que merece ¿será que cada pueblo tiene a los clérigos que se merecen?
 
Ser madre o no ser, esa es la cuestión. Un argumento de quienes se oponen al aborto es que una mujer que se ha embarazado debería de responsabilizarse de su acto y responder desde ahí; pero olvidan o ignoran que ser madre no es una respuesta refleja que se adquiere al parir a un bebé, sino que es un lugar simbólico en el que una mujer se debería de ubicar siempre y cuando hacia allá apunte su deseo, pues resulta que gran cantidad de mujeres se embarazan por muchas más razones que por desearlo: las que han vivido una violación, por ejemplo. ¿Una mujer violada querrá ser madre de ese hijo?, en todo caso, la respuesta será desde lo singular, cada una responderá de acuerdo a sus razones, sus  creencias y su deseo, ¿cuál sería la razón para imponerles una forma de pensar sobre todo cuando tal decisión afectará el resto de sus vidas?
 
La solución es muy sencilla si la planteamos desde el respeto al derecho ajeno. Si alguien está en contra del aborto será importante y respetable que no lo practique, la constitución de la república de los Estados Unidos Mexicanos le protege en ese sentido, no está obligada a hacerlo; si alguien, por las razones que sea, se decide o se ve obligada a decidir abortar, es importante que el Estado, en ejercicio de las responsabilidades que la Constitución le demanda, se ocupe de proveer de las mejores condiciones para evitar una tragedia.
 
Coyoacán, México, D.F.
 
 
 
 
Martes 1 de julio de 2008.
Profetas pendejos.
Por: Eduardo García Silva.
 
El día de ayer, lunes, decidí ver el noticiero de televisa, movido por el morbo –no lo pude evitar, ni quise- esperé para ver qué decía este canal tan plural, incluyente, crítico, democrático; ese mismo que demanda a gritos la libertad de expresión; en fin, esperé a ver qué decía sobre la reunión masiva que un día antes había tenido lugar en el Zócalo de la Ciudad de México: ¡nada!. Bueno, no nada, sí hablaron por ejemplo de la marcha gay del sábado sobre reforma, le dedicaron muchos minutos, parece que les pareció de gran importancia, ¡qué bien!; hablaron también de las protestas en China y en Corea; pero de los ciudadanos mexicanos que se manifestaron –por enésima vez- a un lado del lugar donde descansa el corazón de Copil, de los cientos de miles que se oponen a la inversión extranjera para “poder” manejar PEMEX, de esos no dijeron ni una sola palabra, ¡NI UNA SOLA PALABRA!. La pregunta que surge de inmediato es: ¿por qué?, pues el hecho de que la crítica, incluyente, demócrata y libre-expresiva televisora no haya dicho en absoluto nada no implica que no los haya visto; (sí, la televisión te puede ver; Lacan no estaba errado cuando sostenía que la lata que flotaba en el mar lo podía ver a él y explicaba porqué), o sea que habrían sido visto pero no escuchados; ¡eso sí!. 
 
El cinco de enero de este año escribí mi columna aquí en CONTEXTOS llamada “NO HAY DERECHO SIN PALABRA”, un día antes, la misma empresa había silenciado la voz de Carmen Aristegui, y llamé ahí la atención sobre la importancia que tiene la función simbólica de la palabra (el ser humano es el único habitante sobre este planeta que echa mano de ella, homosapiens sapiens le dicen por ahí, por el hecho de que precisamente piensa que piensa ), para regular los actos agresivos que se desprenden ante la imagen del semejante, y es que al semejante generalmente o nos lo queremos coger o lo queremos matar, ¿no es eso lo que nos dijo Sigmund Freud en “El porvenir de una ilusión”, “El malestar en la cultura” y en “Tótem y tabú” y Lacan en “El estadio del espejo” y  “La agresividad en psicoanálisis”? Pues bien, la sordera se extiende, el Estado cumple cada vez menos sus funciones para lo que fue creado; por ejemplo, ahora podrás demandar a tus hijos para que te mantengan si compruebas que no tienes ingresos suficientes que te permitan subsistir; ahora los hijos ocuparán el lugar del padre simbólico que rehúsa el Estado, así podrá evadir responsabilizarse de las situación económico-social que se generará en breve con los millones de viejos que habremos en México: ¡que los mantengan sus hijos!, ya nada más falta el “¿y yo por qué?”. Tendremos entonces casos de padres que nunca se responsabilizaron de serlo, o sea, de sus hijos, pero que no obstante podrán demandar legalmente si sus hijos no hacen lo que ellos no quisieron o no pudieron hacer: mantenerlos. No hubo padre ni tampoco habrá padre simbólico, Ley-Estado para fungir como tal, serán los hijos en el lugar del padre. ¡Pero eso es justamente lo contrario al establecimiento de la Ley y la convivencia, cuando los hijos renunciaron al lugar del padre para restituirle sus funciones y hacerlo omnipresente y regulador de su fraternidad! ¿Acudimos a una declinación más del Nombre-del-Padre, de la función de Ley, del Otro,  que camina inexorable hacia su ocaso? En tal caso no será de extrañarse que los hijos queden confrontados entre sí, que se persigan y se segreguen, que se maten… hasta que se den cuenta que el lugar del padre es inaccesible desde lo real, que tiene que ser por fuerza simbólico; ¡por fuerza!, ¡gulp!. 
 
Cientos de miles caminan y se manifiestan en las calles, no son reconocidos por el Otro del Estado ni de los medios, hablan, gritan, escriben y… nada, no hay acuse de recibo, no hay escucha, en  lugar de esta, como en el seudonoticiero, aparece la falta el Otro, su sordera, ellos seguirán gritando cada vez más fuerte y se les intentará hacer callar, ¿como en 1910?, ¿Por qué es más importante –no para todos- en un país como México ver, escuchar y dar cuenta alegremente por los millones de ¡españoles! que festejan su Eurocopa?, ¿qué pasa que es más fácil que los españoles –esos que masacraron al pueblo mexica, destruyeron su cultura, su arte, su escritura, su religión, su sociedad, su economía, su honor y esos mismos que ahora se aprestan para venir por el petróleo mexicano, sean más importantes que el mismo pueblo mexicano para el Estado mexicano? ¿es posible o sólo se explica diciendo que no hay más Estado en lo que implica este significante? ¡¿En qué estado nos encontramos entonces?!.
 
La revolución mexicana quedó interrumpida con la “pacificación” obregonista, lo que es realmente de llamar la atención es la repetición de los significantes en la historia de México, a saber; ahora como en el porfiriato hay grandes diferencias socioeconómicas en el pueblo, ahora como en el porfiriato se reprime violentamente una huelga de obreros también en Cananea; hasta parece que ni los lugares pudieran ser otros; ahora como en el porfiriato hay una clara tendencia a favorecer al extranjero en lugar del pueblo mexicano (Francia en su momento, España, E.U.A. hoy), ahora como antes se ofrece el petróleo al extranjero (Porfirio Díaz lo hizo y alguien lo quiere repetir); ahora como en el porfiriato existen rebeliones armadas de guerrillas que claman por un cambio (recordar que antes de Madero hubo levantamientos armados importantes), y un largo etcétera. 
 
Cuando un significante se repite se anuncia algo que no pudo tomar su lugar la primera vez; un síntoma de hecho es la repetición significante de algo reprimido, o como decía Freud, es la actualización del trauma inconsciente, pero la actualización también en cuanto a acto y el acto aparece cuando la palabra no alcanza. 
  
 
Manifestantes en el Zócalo el domingo 29 de junio de 2008.
Fuente: La Jornada. 
 
La gente seguirá gritando en las calles, marchando, bloqueando carreteras, aeropuertos y lo que sea con tal de ser vistos y escuchados; porque se les acusa de extremistas pero no les dejan mayor opción, pues cuando han hablado y se han conducido por la vía de las instituciones, esas que tienen su fundamento mítico original en el parricidio, han sido completamente ignorados, como en el programa de ayer en la noche, ¡ni aparecen!, pero luego se alarman de que eleven la voz y pasen a los actos.
 
En Recordar, Repetir, elaborar, Freud anuncia que en el transcurso del análisis hay algo que siempre se repite como síntoma hasta que aparece el recuerdo reprimido que ese síntoma escondía, será necesario recordar para dejar de repetir mientras que la repetición es anuncio de un olvido que por lo tanto es sintomático; pero será necesario algo más, a saber, que el sujeto después de recordar , o sea, de hacer consciente lo inconsciente, para seguir con Freud; pueda elaborar ese material; es decir hacer con ello otra cosa, algo diferente.  ¿Qué nos anuncia esa repetición de los significantes  que ya señalé en la historia de México, de qué nos hemos olvidado?, ¿pero es el pueblo quien se ha olvidado de su historia o es el Estado el que ya olvidó la historia del pueblo –al cual debe de representar- y al pueblo mismo en tanto lo ignora? ¿será necesario que se haga un corte?, ¿por qué acto se hará dicho corte donde la palabra ha sido insuficiente porque no hubo escucha? ¿La historia que se empezó a escribir en 1910 retomará la pluma? Suscribo al grupo que recién se ha creado espontáneamente y del cual tuve noticias hoy en la mañana que hablaba con mi querido amigo Américo Larralde Rangel, quien a su vez se enteró por una amiga que sobre esto también escribía: el grupo de los profetas pendejos que esperan serlo para no tener razón en lo que ven, en lo que escuchan, en lo que escribimos. Sería mejor recordar y elaborar.
  
México, Coyoacán. 
 
Jueves 19 de junio de 2008.
De la inconsistencia paterna.
"Quién es el que anda ahí?" 
Por: Eduardo García Silva.
 
Ser padre es una función que no cualquiera puede sostener, algunos, como Daniel Paul Schreber se psicotizan ante tal posición, es una función simbólica que demanda echar mano del significante primordial en la estructuración subjetiva: El-Nombre-del-Padre. Así, el padre es simbólico o no es, tal como su función. Se requiere de una asunción de tal lugar y el lenguaje popular da cuenta de ello muy claramente en el sonado “hijo de mi hija mi nieto será, hijo de mi hijo en duda estará”, además de que no pocas veces a pesar de la buena disposición de ambos padres no deja de haber cierta dificultad para que aquel que fungirá como padre dude de la correspondencia a ese lugar, aunque actualmente la genética viene en el auxilio de los pobres hombres angustiados ante la posibilidad de no ser “el verdadero padre” del hijo que está por llegar. Esto muestra que precisamente no es cosa de genes, sino de gentes, diríamos.
 
La duda obsesiva de la paternidad no solamente afecta al hombre, sino también a la mujer. Pasa así cuando alguna no sabe con certeza quién es el padre de su hijo. Pero el hecho es que no hay certeza pues El Padre realmente no es real por más imaginario que se muestre y se le haga existir. Padre biológico es lo más que el lenguaje permite a los sujetos acercarse a esa función que, insisto, es simbólica. El padre biológico, sabemos, no es el que siempre “hace” de padre en la vida de algún sujeto al punto que hay quienes reconocen como padre a otro que no al así llamado biológico. La paternidad no está en el mapa genético. Freud abordó y ahondo en el tema (durante toda su obra) principalmente en su texto Tótem y Tabú, en el apartado correspondiente sobre Schreber, en la Interpretación de los sueños, en la Psicología de las masas y análisis del yo, entre otros textos; y Lacan retomó con su ternario Real-Simbólico-Imaginario la cuestión del Padre diferenciando precisamente desde estos registros el ser-padre.
 
Digamos que se requerirá de haber tenido Uno para poder ser un padre cuando el momento llegue, si ese significante falta en lo simbólico volverá eventualmente desde lo real, así, la psicosis es un claro ejemplo de la falta de tal significante.
 
Ahora bien, para Freud, el padre es el que tiene el falo, por eso puede ser problemático, pues es necesario que lo tenga para que la mujer pueda desear ahí algo más que su hijo y que el niño pueda ser así rescatado de las fauces de una madre que se niega a soltarlo para retenerlo y devorarlo amorosamente en tanto su falo. Pero una vez que el padre existe como el Otro del falo, seductor y omnipotente aparece también la posibilidad de que ejerza ese falo con sus hijos, es decir, que los ame. El varoncito en particular tendrá que hacer una serie de movimientos para poder acercarse a él e identificarse a él, o como dice Lacan en el seminario cuatro: guardarse el título en el bolsillo para un día echar mano de él.
 
 Así, no hay más constancia de un Padre que aquello que desde el lugar de La Ley lo legitima ante sus hijos, la separtición entre el niño y su madre; el Padre es el que ordena, en ambos sentidos, y para eso, tiene que sostener su lugar de autoridad.
 
¿Cómo podemos pensar la decisión de un hombre de no reconocer lo que sería su casi única constancia, de ser padre, para aspirar a ese otro lugar tan simbólico como el del padre: la presidencia de un país? Pasaje de la posición imaginaria denegada de ser padre a la pretensión de la función simbólica de ser presidente. Un padre lo será en tanto que haya alguien que así lo nombre, que lo deposite en ese lugar y lo invista de tal función; o sea, en tanto los hijos den cuenta de él. Pero sucede que los hijos dan cuenta de su padre en la medida en que la madre introdujo tal posibilidad. Santiago Creel, un político mexicano, negó en su momento ser padre de una niña que lleva por nombre Constanza, hija de una actriz; todo parece indicar que tal denegación se inscribe en el marco de una presión ideológico-política por parte del partido –conservador- en el cual ese hombre milita, o limita. Ahora bien; nada indica que este hombre se haya negado ante su hija a ocupar ese lugar; de eso nada sabemos; sólo que negó públicamente tal situación. Asistimos al borde de lo público y privado.
 
Una figura pública tiene todo el derecho de reservarse lo que considere pertinente de su vida privada; privada a los otros y absolutamente nada hay de malo en el hecho de que un hombre tenga una hija con quien él quiera. Las dos televisoras oficiales, sin embargo, se desgañotaron señalando ese “engaño”, como lo nombraron, como si tales televisoras fueran ejemplo de integridad y honor.
 
En todo caso, pareciera que rebota aquí y allá una imposibilidad de tomar posesión, posición, ante el significante padre, ya sea como el padre de una niña o como presidente de una república. ¿Puede alguien que en lo público se niega a ocupar el lugar de padre de su hija, ocupar el lugar del padre para un pueblo? Tal inconsistencia es develada hoy nada más y nada menos que por la existencia de Constanza, su hija, fiel constancia de paternidad. Finalmente este hombre recibió su propio mensaje de manera invertida: fue destituido como presidente de la bancada del PAN en la cámara de senadores; pareciera que sus correligionarios acusan recibo de su posición y se lo hacen saber  haciéndole eco, o sea, desconociéndolo como padre. Ser padre o no ser. No es cualquier cosa.
 
México, Coyoacán.
 
 
Lunes 17 de marzo de 2008.
Una profecía cumplida de Jacques Lacan.
 Por: Eduardo García Silva.

El pasado sábado 8 de marzo se reunieron alrededor de 800 jóvenes emo  en la plaza de armas de Querétaro y fueron agredidos por otros grupos de jóvenes identificados como punks, skatos, darks, etc; grupos  que han sido denominados como “tribus urbanas”. Luego, el pasado viernes 14 de marzo se suspendieron clases en 5 escuelas de Colima, la razón: amenazas (hechas por Internet) de agresión a jóvenes emo; dicho sea de paso, en Querétaro la convocatoria a la agresión se hizo también por Internet.
 
Diré brevemente lo que “se dice” que es un emo. Es un joven o una joven, pero no necesariamente jóvenes, que se definen por vivir todo lo que hacen con la máxima sensibilidad posible; dar un lugar a los afectos; escuchan un género musical particular que exalta los sentimientos y visten también de una manera particular; generalmente se peinan cubriéndose un ojo y se llegan a hacer cortes en el cuerpo. Se definen como sensibles. Hasta acá algo de lo que “se dice”.
 
La razón del rechazo por parte de las otras tribus urbanas es que los emo usan algunos de los distintivos pertenecientes a otros géneros, punks, skatos, etc; y los mezclan fusionándolos para identificarse ellos mismos, por lo que se presta a que la gente los  llegue a confundir; es decir, que no identifique si se trata de un skato, emo, punk, etc; eso además es de suma importancia en la medida en que los otros grupos se oponen a la ideología emo y parece que estas tribus necesitan desesperadamente ser distinguidas; luego entonces, la agresión hacia el otro se apuntala en un temor de que el otro sea yo para el Otro, o bien de que yo sea otro para el Otro; que el otro pase por mi para el Otro. Sin embrago sabemos que yo es otro, que no hay posibilidad de que un sujeto no construya su yo en base a la enajenación en la imagen que el espejo le ofrece. 
 
Es un hecho que las agresiones se han generado a partir de la cercanía significante entre el emo y el punk, el skato, el darketo; o sea, una cercanía entre yo y otro. Pero esta agresión se desencadena, nos lo advierte Lacan en su texto sobre el estadio del espejo y en el de la agresividad en psicoanálisis; en la medida en que la función simbólica de la palabra, del Otro, de la Ley, deja de funcionar. Cuando el sujeto queda confrontado imaginariamente con el semejante se desencadena una respuesta que se enuncia como “o yo o el otro”, respuesta imaginaria que el ser humano comparte con el resto de los animales y que en éstos últimos podemos observar claramente, particularmente en el pez beta, el perro y el pichón. La imagen del espejo amenaza al sujeto por mostrarle crudamente lo que es sin ser para Otro, una imagen vaciada de la función simbólica, enajenante, insoportable, otra, otro.
 
Ahora bien, esa imagen que comporta lo más ominoso, lo unheimliche que no es otra cosa que lo más íntimo, lo más familiar, lo más “propio”; es una imagen que por lo mismo angustia pues nos muestra la alteridad que desconocemos, donde el sujeto reconoce sin conocer la esencia que lo habita y ante la que se revuelve y resiste; es esa misma que aterroriza en el doble, el Doppelgänger, que en alemán tiene una interesante connotación: Doppel se traduce como doble y Gänger como andante, del verbo gehen, caminar, ir, andar. Así pues, en el Doppelgänger se trata del otro yo que camina a mi lado; encuentro horroroso y angustiante del que el cine de terror no pocas veces echa mano.
 
Lo alarmante es que este hecho parece estarse constituyendo en un fenómeno que se generaliza; fenómeno de segregación donde el otro resulta insoportable, se le cree diferente y amenazante y por lo tanto se vuelve necesaria su exclusión. La exclusión ahora pasa por la agresión que apunta a la eliminación de ese otro. En el mundo entero se suceden este tipo de acontecimientos uno tras otro; hace unos meses las imágenes de un skin head español golpeando y pateando a una niña latina en el metro le dieron la vuelta al mundo; o las batallas campales que ha habido entre diferentes etnias en Chiapas que profesan diferentes religiones; y podríamos dar aún muchos ejemplos más; el hecho es que la segregación se ha comenzado a generalizar en el mundo.
 
En 1967, al fundar la Ecole Lacanienne de Psychoanalyse,  Jacques Lacan hizo un señalamiento sobre la posibilidad de que la segregación se incrementaría cada vez más en el mundo como un efecto de la política del mercado globalizado. Ya desde hace 31 años un psicoanalista anunciaba lo que hoy vivimos claramente, que la globalización y la política del mercado “libre” excluye cada vez más al sujeto. Diremos para puntuar que la globalización en su vertiginoso movimiento expansivo centrifuga al deseo en la misma medida en que condensa un goce, entendiendo a este como el sufrimiento neurótico causado por la frustración creciente de no lograr nunca la tan anhelada satisfacción a pesar de los numerosos y variantes productos del mercado que se muestran como objetos de deseo: autos, casas, teléfonos, computadoras, ropa, hasta carreras universitarias y sobre todo hombres y mujeres.
 
El discurso apunta a ser… Así, apunta a ser con puntos suspensivos; si no, hay que ver la publicidad: ser el mejor, ser el más guapo o guapa, ser más rico, ser feliz, y un largo etcétera. O sea, que no se trata de que el discurso de la globalización apunte al ser; sino a ser algo más allá del ser; y eso, en la publicidad pasa por el tener, ergo, para que seas necesitas tener; pero ¿qué?, prácticamente lo que sea siempre y cuando te permita identificarte a un grupo social al que anheles pertenecer. Por esto decía que el discurso apunta a ser con puntos suspensivos, en otras palabras, lo que deja en suspenso es al ser mismo pues antes será el objeto que el ser. El lazo social es menos respecto a un ideal sustentado simbólicamente, el Otro (A), que respecto a una manera de gozar (a). La gente ya no se agrupa más en torno al deseo de algún ideal, sino al del goce de lo que no hay.
 
Lacan señala pues lo siguiente:
 
“Abreviemos diciendo que lo que vimos emerger, para nuestro horror, representa la reacción de precursores en relación a lo que se irá desarrollando como consecuencia del reordenamiento de las agrupaciones sociales por la ciencia y, principalmente, de la universalización que introduce en ellas.
 
Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado  por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”.
 
Proposición del 9 de octubre de 1967,
 
Los grupos sociales venían cohesionándose a través de un ideal que era compartido por cada uno de sus integrantes, se identificaban por una función simbólica que los nombraba como pertenecientes a tal o cual grupo, eran los elementos del conjunto universal representados todos y cada uno de ellos por la excepción que los constituía como pares; fraternalmente. Actualmente muchos sujetos no se reúnen ya en torno a un ideal, sino a una manera de gozar donde cada uno por gozar queda excluido del lazo social. Así, los adictos, las anoréxicas, los punks, los emo, los skatos, los fanáticos religiosos, etc; no comparten un ideal, sino que se identifican por la manera de gozar en torno a un objeto que no hay; pero sucede que el sujeto nunca podrá saber nada del goce de otro, la identificación es imaginaria, tal como lo elabora Lacan, y es parcial, tal como lo elabora Freud, quien además nos señala en “Duelo y melancolía” y en “Psicología de las masas y análisis de yo” que precede a la relación de objeto; o sea que la identificación no hará necesariamente por sí misma lazo social, al contrario suponemos que una identificación en su potencia más radical a lo que apunta es a la integración del yo con el otro, ahí al otro se le quiere, pero se le quiere devorar para re-incorporarlo, desaparecer la diferencia y la distancia entre yo y otro.
 
El presidente municipal de Querétaro, el panista Manuel González Valle descartó que el enfrentamiento haya sido por la discriminación, habría que preguntar: “¿entonces por qué señor presidente municipal, qué entiende usted por discriminación?”.
 
Pero vayamos puntualmente porque quizá tenga razón. La discriminación implica la distinción, poder ubicar e identificar en el otro lo que lo hace diferente de mi. Esto es la discriminación en el sentido más lato; no en el sentido moralista y peyorativo que se le ha dado incluso en los discursos oficiales que al promover la no-discriminación ya acudieron a la discriminación para decir que existen otros diferentes que deben ser tratados como iguales ¡?!. Me parece que de lo que se trata en todo caso es de una integración posible entre los sujetos que se identificarían como diferentes, es decir que se discriminan para entonces poder convivir a pesar, con, y sobre todo gracias a esas diferencias. Pero la diferencia implica la semejanza: hay que encontrar (discriminar) algo del todo que no nos haga iguales porque de lo contrario, sin ese algo, sin ese rasgo siempre parcial,  entonces nos con-fundiríamos unos con otros.
 
En otras palabras; la apuesta sería al lazo social donde la palabra mediara entre las diferencias que me asemejan al otro. Sí a la discriminación, no a la segregación. Si hay lazo social se con-vive, pero si hay puro goce de la imagen, entonces al apuntar a la aniquilación del otro apuntamos a la aniquilación propia puesto que no hay yo sin otro. Estos punks, darks y skatos enemigos de los sentimentalismos y de la sensibilidad que encarnan los emo actuaron en un intento de suprimir una imagen que los puede con-fundir, se lanzaron a los golpes porque los otros se parecen en algo un poquito a ellos; ¡qué sensibles resultaron! ¿no?
 
México, Coyoacán.
 
 
Viernes 15 de febrero de 2008.
 
DESCORAZONADOS
Por: Eduardo García Silva. 
 
“Amor es dar lo que no se tiene a quien no es”
Jacques Lacan.
“Sólo un rito, un acto siempre repetido,puede conmemorar este encuentro inmemorable
pues nadie puede decir qué es la muerte de un niño –salvo el padre en tanto padre-
es decir, ningún ser consciente.”
Jacques Lacan.
 
 
El día de ayer, 14 de febrero de 2008 tuve la suerte de ser invitado por Susana Cato, quien es responsable del Faro Itinerante, de la Coordinación de Vinculación Cultural Comunitaria de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, a un evento que se llevó a cabo en el centro de la ciudad, a un costado de la catedral y de Templo Mayor; el motivo: el día del amor y la amistad. En este evento se inauguró el MUSEO RODAN-TE del Maestro Rolando de la Rosa y ahí también charlamos en torno al amor y al corazón.
 
 
 
SIDATLECUHTLI 
La respuesta de la gente fue muy agradable, mucho más entusiasta de lo que esperé pues siguieron todo el tiempo de manera muy atenta lo expuesto a pesar de la furia de Tonatiuh que se dejó caer inmisericorde. Al final las personas se acercaron y propusieron que estos eventos culturales sigan… en la calle, y yo estoy de acuerdo, si bien se dice que la cultura en México está en la calle, ojalá que esto pueda ser literal, pues es importante que esta gran adquisición de la humanidad se muestre ahí donde surge: en las mismas calles de la ciudad.
  
No fue reunión sin comunión, así que concluimos degustando unos deliciosos corazones de amaranto para saludar así a los dioses que nos acompañaron; en un momento dado tuve la impresión de que aquel plato contenía realmente el líquido vital, pues el amaranto rojo, ya tupidamente diseminado anunciaba claramente a la metáfora “sacrificial”, afortunadamente no fuimos ni consumidos en hogueras ni colgados por el cuello, la catedral se limitó a contemplar respetuosamente nuestro acto y nuestra palabra, por lo que en otro tiempo hubiésemos pagado con la vida, o sea, nos hubieran sacrificado. 
 
 
 
Amor y amistad, ¿porqué y desde cuando estos sentimientos son representados por el corazón?. El corazón y la palabra “corazón”  se han convertido en significantes privilegiados de la lengua mexicana en cosas del amor; no es raro que alguien diga “me rompiste el corazón” o “te amo con todo mi corazón”, o “te lo digo con el corazón en la mano”. Pero sabemos que los afectos no están en el corazón por más que hoy en día la gente haga metáforas amorosas a expensas de esta víscera. Lo que realmente llama la atención es que muchas personas pueden enfermarse del corazón por cuestiones afectivas. A nadie le resulta extraño que una persona pueda incluso morir al vivenciar un intenso afecto de manera que el corazón se le paraliza y no es un secreto que las enfermedades del corazón son una de las dos primeras causas de muerte en México.
 
De  modo que entonces sí existe una relación entre los afectos y el corazón; dicha relación data quizá de la época del amor cortés; es decir, de esa invención europea que puso a La Dama del amor en el lugar del señor feudal, del Rey,  a quien desde entonces se le jura lealtad y fidelidad, al punto que los escudos de armas más importantes presentaban un corazón y hasta algunos se atribuyeron sus cualidades, como Ricardo Corazón de Léon o como William Wallace, Corazón Valiente. Esta forma de amor que hace intervenir al corazón llegó a México por un caballero cortés: Hernan Cortés. Pero no siempre fue así; en Mexico-Tenóchtitlan, el lugar del corazón y del amor son muy diferentes pero de suma importancia; tan importante es el corazón para los prehispánicos que lo ofrendaban a sus dioses. Los españoles llamaron a eso: sacrifico, palabra que desde entonces y hasta ahora se sigue usando en cosas del amor, como cuando un padre le dice al hijo o un(a)  amante a su amada(o) “yo que tanto ,me he sacrificado por ti…”. “Sacrifico”: volver sagrado (sacro) algo por medio de un acto “facer”; en ese sentido la ofrenda del corazón si es un sacrificio, pero si el sacrificio es que alguien voluntariamente le ofrezca al otro una pérdida o un dolor para su bien y por amor –como Cristo- entonces los aztecas no se sacrificaban y no podemos decir que existiera realmente una práctica generalizada del sacrificio.
 
Ahora bien, somos hijos de un filicidio en el que el padre mata al hijo precisamente sacándole el corazón. Hay un mito azteca que nos dice claramente que la ciudad, la nación, el gentilicio y el escudo nacional se fundan sobre el corazón del hijo asesinado por su padre, el mito de Copil, quine es asesinado por Huitzilopochtli (en algunas versiones no es su hijo), pero lo verdaderamente asombroso es que en México los mexicanos que creen conocer su escudo nacional no se han dado cuenta hasta ahora que el águila que devora a la serpiente se encuentra sobre ese corazón que aparece clara y evidentemente en la bandera, pero que ningún mexicano puede identificar; pareciera que ese significante se encuentra reprimido, como si no se quisiera saber nada de eso que sin embargo nos da identidad de mexicanos.
 
Ahora bien, una de las diosas más importante para los aztecas es la del amor y la sexualidad, que es la misma que la de lo inmundo y la basura, protectora de las parteras: Tlalzoteotl o Toci. A ella se dedicaba la fiesta más grande de todo el año azteca.
 
¿Cómo aman los mexicanos?, ¿En verdad el sacrificio forma parte ya de la estructura de los mexicanos?, ¿Qué ideal de padre tienen los mexicanos, tiene que ver con el que abandona como Huitzilopochtli?, ¿Por qué el mexicano no respeta La Ley ni exige sus derechos, porque cuando lo hizo le sacaron el corazón?, ¿Por qué cree que el corazón le permite amar y sentir?, ¿Por eso se enferma?.
 
Por su Parte el maestro Rolando de la Rosa lanzó su invitación: “¡Te doy mi corazón! Esta frase tan común entre los mexicanos enamorados no tenía las mismas consecuencias hace 500 años en México-Tenochtitlan. Se llamaba el TLACAMICTILIZTLI, y era una extracción ritual del corazón.”
 
“Veamos sus semejanzas: la “víctima”, que llamaremos “enamorada”, se colocaba de espaldas sobre la piedra de sacrificios EL TECHCATL, que llamaremos “cama”, de tal manera que le quedara el pecho tenso, eso sigue igual. Cuatro sacerdotes le sostenían los pies y manos, ahora sólo con uno que dé la bendición basta y a veces hasta sobra, digo, porque en estos tiempos se puede llegar a la cama de sacrificios sin intervención de ningún sacerdote. El quinto, y me refiero al sacerdote, le colocaba una argolla de madera en la garganta para que no gritara, ahora sólo se coloca una argolla en el dedo anular también para que la víctima no grite. El sexto sacerdote, que era el principal, empuñaba un cuchillo de pedernal con ambas manos, ahora el cuchillo no es de pedernal, y de un solo tajo le abría el pecho por debajo de las costillas o en el segundo espacio intercostal y por la herida, con la mano le arrancaba el corazón… ahora no se les saca el corazón por las costillas, no es necesario, solistas se lo arrancan… y me refiero al corazón. Hace 500 años el corazón se ofrendaba como TLATLACALIZTLI, la comida de los dioses, y ahora pues qué decir, la enamorada pasa a ser la comida de los odioses, perdón, odiosos machos mexicanos.”
 
                                 
 De pie de izquierda a derecha: Armando Ponce, Susana Cato, Eduardo G. Silva, Techca y Rolando de la Rosa. 
 
Agradable charla la de ayer en la que también estuvo presente y participó el reportero Armando Ponce, director de cultura de la revista Proceso. Así  reflexionamos y charlamos el día del Yolotl (corazón), sin sacrificarnos, eso se lo dejamos a los dioses y a Cristo, quien por cierto es representado también con su corazón sangrante –Sagrado Corazón de Jesús-, figura que se inventó hace poco y que no ha existido desde siempre en la religión católica, esa que llegó con la espada de los caballeros corteses. Si usted se siente descorazonado: ¡felicidades! es el primer paso para no sufrir del corazón; no le pueden sacrificar, o usted ¿se sacrifica cuando ama?.
 
 México, Coyoacán.
 
 
 
Viernes 18 de enero de 2008.
 
Eduardo García Silva.
 
¿MEJICANO O MEXICANO?
 
La metáfora paterna es la operación que posibilita la instauración de La Ley para cada sujeto. Esta metáfora consiste muy a grosso modo en sustituir el deseo de la madre por el Nombre-del-Padre, lo que implica que el niño no tendrá que sostenerse como el falo que colmaría la falta de la madre, es decir como el objeto pequeño ”a”  que tapona la castración del Otro. Asimismo, el niño quedará protegido contra ese deseo insaciable de la madre que, de otra forma, se lo acabaría devorando. El Nombre-del-Padre actuará así como la prohibición al incesto, estructurará la subjetividad y fincará los cimientos de toda identificación posible. Así pues, el Nombre-del-Padre es la posibilidad de que un sujeto desee, pero que desee según el deseo del Otro de La Ley, donde está el Padre. Lacan nos anuncia –a diferencia de Freud- que toda identificación es al padre. Hay pues una deuda con el padre, una deuda de vida, ya que para el psicoanálisis, el surgimiento del sujeto se da a partir  de su subjetivación,  de su división, de la castración y la separtición de la madre. Es al Padre a quien se le debe la vida y es a él a quien el sujeto se identificará. Para eso será necesario que la metáfora paterna se introduzca entonces por vía… materna.
 
La madre entonces tendrá que dar un lugar a ese Otro portador del Falo para que el niño entienda que él no lo es ni lo tiene para la madre. Todo esto sucede antes de los cinco años de vida por lo general.
 
Ahora bien, si el Padre es La Ley, la lengua es materna, palabra y Ley. Sabemos además que La Ley no es sin palabra. Esto quiere decir que La Ley (del Padre) se introduce por la lengua materna. Por eso fue posible la conquista del pueblo mexica (y de los demás prehispánicos), justo porque los españoles lograron imponer su lengua para introducir su Ley. Cuando se conquista se conquista por la lengua ¿no?, en lo culinario, en el amor y en la guerra, de lo contrario sólo hay invasión pero no conquista; para ejemplo Irak. Los iraquíes están invadidos pero no conquistados. Los mexicas por lo contrario fueron invadidos y conquistados y ahora todos hablamos español. La lengua mexica sin embargo persiste y subsiste, sus palabras aparecen aquí y allá en nuestro español que ya tampoco es el de los españoles, además de los grupos que hablan en náhuatl.
 
La pregunta es si los mexicanos tienen una Ley paterna y una lengua materna donde la Ley sería la herencia de occidente, del español en tanto padre del mestizo y la lengua sería esa aparición seudoespeañola empapada de náhuatl a juzgar por la cantidad de palabras nahuas que aún se hablan, o tienen los mexicanos una lengua paterna, la de los españoles y una Ley materna a juzgar por el lugar que la madre tiene para los mexicanos, lugar y festividades que en ninguna otra parte del mundo se pueden observar porque no las hay y que denuncian la ambivalencia más potente desde la palabra misma “madre” que puede ser tan excelsa como peyorativa.
 
Así las cosas, avanzar sobre una identidad mexicana resulta complejo, toda identidad está atravesada por identificaciones (para el psicoanálisis identidad e identificación no son lo mismo) y ahí aparecerían las singularidades de cada uno que se diga mexicano.
 
Ahora bien, la historia de México ha sido escrita básicamente por el extranjero. Comenzó con los soldados españoles y los primeros frailes españoles, siguió con los virreyes y peninsulares; en el mejor de los casos con los mestizos, incluso los códices son ya interpretaciones hechas mucho tiempo después de extinguido el pueblo propiamente mexica, sólo hay que ver sus denominaciones: códice Dresde, códice Vaticano, códice Boturini, etc; de hecho, sólo hay 22 códices que se consideran propiamente prehispánicos. Miguel Léon Portilla consigna en el "Catálogo de los códices indígenas del México antiguo" que "Además existen 61 códices, rehechuras poshispánicas de documentos antiguos, y mapas , pinturas y planos indígenas hechos con técnicas antiguas", o sea en plena colonización y muchos de ellos bajo la mirada del aparato inquisitorial de la Nueva España. Ahora se nos presenta lo que amenaza con ser el códice Fox y el códice Mouriño: estampas imaginarias de un México inexistente y de “lo mexicano” que se desvanece… a menos que cada mexicano (los que son, no los que se sienten), sostenga la posibilidad de una Historia de México escrita por mexicanos, como ha sido el caso de las últimas generaciones de literatos y de algunos reporteros que dan cuenta de “lo mexicano sin maquillaje”.
 
Cuando el pueblo que se dice mexicano ha tomado la palabra ha sido en la mayoría de las veces por medio de lo que se podría leer como acting out. Un acting es en psicoanálisis la escenificación de una palabra no dicha y va dirigida siempre al Otro, así cuando la palabra del pueblo no ha sido escuchada o no ha podido decirse se ha actuado y generalmente ha sido por medio de las armas.
 
Hasta el día de hoy parece mantenerse la imposibilidad de que se le de un lugar a la palabra del otro del pueblo, hasta ahora la mayoría de los gobernadores parecen insensibles a dicha palabra, desde la independencia, pasando por la revolución mexicana (primera del continente), hasta nuestros días. El mexicano no acaba de tomar su lugar, no acaba de identificarse a algo, no acaba de identificarse a un padre que sigue siendo más fantasma que Ley, digamos el fantasma de la Ley, pero no La Ley ¿será por eso que La Ley es tan poco respetada en México tanto por gobernantes como por gobernados?
 
El miércoles se anunció la designación de Juan Camilo Mouriño Terrazo como el nuevo secretario de Gobernación, la máxima instancia de política interna y externa de México y de asuntos cruciales en lo social y lo religioso. Mouriño, nacido en Madrid, España, tiene la gran suerte de ser mexicano de nacimiento según la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos pues su madre es mexicana (se rumora que no), aunque hablando estrictamente su nacimiento como mexicano data de apenas  del 2 de octubre (¡qué fecha!) de 1989; la edad nacional de este mexicano es de 9 años, así consta en su acta No. 5419 extendida por la Secretaría de Relaciones Exteriores. Mouriño anunció de inmediato que la reforma energética va, la misma que implica la entrega del petróleo mexicano a empresas privadas y extranjeras; española alguna de ellas por cierto. Anunció también la necesidad de continuar enfrentando al crimen organizado y declaró que el gobierno tiene que actuar contra el Ejército Popular Revolucionario en tanto que se trata de un grupo subversivo. Así se siguen escribiendo renglones para la Historia de México y las coordenadas ubican la continuación del estado de guerra en territorio nacional, hay que recordar que sólo en las últimas horas ejecutaron a tres jefes policíacos en Tijuana y que apenas el once de enero pasado un jóven de 17 años fue ultimado en un retén por militares que le dispararon al no detenerse, sin contar los siete ejecutados de ayer mismo por el narco y un largo sin fin. Mouriño dice que se siente mexicano, Julio Hernández nos recuerda un diálogo de una entrevista a Mouriño en su nota de ayer de La Jornada: “No es que tenga la nacionalidad mexicana, es que me siento mexicano hasta la médula”. Julio observa: “Difícil es que algún mexicano sin conflicto de nacionalidad diga “me siento mexicano” en lugar de “soy mexicano”. ¿Se sentirá entonces mexicano o mejicano?, ¿a qué padre dará cuenta Mouriño si no a uno hispano, a qué madre(patria), estará afectivamente ligado?, infancia es destino.
 
Ya dijo que se respetará la libertad de expresión para de inmediato declarar que no habrá diálogo con el lopezobradorismo, entonces ¿en qué quedamos?
 
El hecho cada vez más evidente es que ahora gente que no ha nacido en México ni se ha formado como sujeto en sus raíces en México está llegando para decidir cómo deben ser gobernados los macehuales, tal como hacía la corona en el virreynato y la iglesia desde el Vaticano y desde España. ¿En verdad sabe el extranjero lo que los mexicanos quieren?, 
¿pero lo saben los mismo mexicanos?, ¿qué es ser mexicano?,
¿sigue siendo escrita nuestra historia por el extranjero?, ¿usted está dispuesto a escribir su propia historia o prefiere que el Otro le escriba el guión de su vida, de su patria y de sus condiciones político-económico-sociales?
¿y usted qué va a (ha)ser?
 
 
México, Coyoacán 
 
 

 
 
Notas anteriores:
 
5 de enero de 2008
 
4 de enero de 2008 
 
17 de diciembre de 2007 
 
30 de octubre de 2007
 
24 de octubre de 2007 
 
22 de octubre de 2007 
 
18 de mayo de 2007 
 
17 de mayo de 2007 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Jueves 14 de febrero de 2008.
 
Rodrigo A.  Medellin Erdmann*

¿Es necesario renegociar el TLCAN?
 
Ante la total apertura a la importaciones de maíz, frijol, azucar y leche en polvo, que tuvo lugar el 1º de enero de 2004, y frente a la devastación del grueso del campo (salvo los de golf y otros enclaves “modernos”), se ha elevado un clamor generalizado —y probablemente tardío—, sobre la necesidad de renegociar el capítulo agropecuario del TLCAN.
 
Por parte del gobierno y de otros intereses se argumenta que sería abrir la “Caja de Pandora”: se perderían los beneficios logrados, y se producirían más males que bienes, pues daríamos pie a que los otros dos gobiernos le exigieran a México concesiones inaceptables. Más aún, la desgravación de estos productos, cuya liberación se pactó para esta fecha, ya se ha dado a lo largo de los 14 años del Tratado. En efecto, las sucesivas administraciones federales han autorizado a las empresas introductoras (generalmente trasnacionales) la importación de granos por encima de las cuotas —que en principio se acordó se irían elevando gradualmente año tras año—, prácticamente sin ningún impuesto (o con uno ridículo de 2%).  Las protestas de las organizaciones de productores mexicanos por esta flagrante violación de lo acordado en el TLCAN por parte de nuestro gobierno, fueron ignoradas y aun acalladas. Ahora se argumenta que el 1º de enero en la práctica casi no modificó la situación ya imperante de hecho.
 
Es decir, los sucesivos  gobiernos federales, de Salinas a Calderón, violaron los términos del TLCAN en perjuicio de los productores mexicanos: no sólo no los apoyaron para mejorar su capacidad productiva, sino que los expusieron prematuramente a una competencia ruinosa. La devastación del campo, que venía ya de tiempo atrás, la aceleraron los gobiernos mexicanos con base en un manejo perjudicial del TLCAN.
 
Contrasta con las políticas de los gobiernos de allende el Bravo. Como muestra, baste un botón: en el caso de los cítricos, los negociadores estadounidenses del TLCAN pidieron y consiguieron medidas de protección para sus productores, frente a las supuestas ventajas comparativas de los productores mexicanos (que, por lo mismo, no necesitaban ninguna protección). Consecuentemente, aplicaron aranceles a la importación de cítricos mexicanos, y los canalizaron a apoyar a sus citricultores, para mejorar su capacidad productiva (salvo heladas ocasionales) y de exportación a México, a precios tan bajos que arruinaron a las jugueras y a miles de productores primarios mexicanos. Los estadounidenses acabaron dominando el mercado mexicano, y una sección más de nuestro campo quedó en ruinas.
 
En nuestro caso, los aranceles que durante 14 años debieron pagar los importadores de maíz hubieran generado viarios miles de millones de pesos, que hubieran servido para fortalecer al campo. Pero, en vez, se los regalaron a las comercializadoras trasnacionales de granos. ¿Serviría de algo renegociar el capítulo agropecuario del TLCAN si el gobierno mexicano siempre lo ha manejado en contra del grueso de sus productores rurales?
 
El problema del deterioro del campo viene de lejos. Por parte de la tecnocracia gobernante, y de otros sectores, se ha acusado siempre al campo tradicional de improductivo, ineficiente, incompetente. Quienes conocemos de cerca la realidad del campo, sabemos que la situación es muy distinta. Con recursos muy escasos y condiciones muy adversas, el campo tradicional lograba maravillas de eficiencia, aunque se iba hundiendo cada vez más en la pobreza. ¿Cómo es esto? Una comparación facilita la comprensión de esta paradoja. La economía de los campesinos e indígenas era como un barril que ellos estuvieran tratando de llenar de agua con su trabajo. Del río la acarreaban en baldes para tenerla a la mano. Pero resulta que al barril le habían hecho agujeros por todos lados. Tan pronto echaban el agua, se les fugaba; por ejemplo, por la intermediación voraz en insumos y productos, la ineficiencia en el extensionismo agrícola; el crédito caro e ineficiente; el saqueo de bosques, selvas y otros recursos naturales; los caciques, funcionarios corruptos, líderes “charros”; los altos costos de los servicios de salud, transporte, veterinaria; los precios altos en bienes de consumo, entre muchos otros agujeros. Los programas tradicionales de apoyo al campo fueron como mangueras que echaban agua al barril… sin haber tapado los agujeros. Por ejemplo, la CONASUPO, el SAM, el PIDER. Entre los más recientes: Solidaridad, Oportunidades, Procampo, etc. Los campesinos e indígenas lograban subsistir y producir en un medio tan adverso, con gran ingeniosidad y esfuerzo. Sin embargo, el diagnóstico público acabó por desahuciarlos: los decretó no viables en el esquema neoliberal globalizado, les quitó los apoyos, promovió la supuesta apertura del campo al capital, la venta y privatización de la tierra, el éxodo rural para expulsar del campo a millones de campesinos, y así supuestamente hacerlo eficiente y competitivo.
 
En este contexto se firmó el TLCAN, y se instauró en el sector público su manejo perjudicial. Finalmente, ante las políticas públicas tan adversas, los barriles campesinos e indígenas acabaron por tronarse. Tal parece que el gobierno hubiera elaborado un plan maestro para el grueso del campo, región por región, producto por producto, para destruirlo todo… y lo ha ido logrando. La capacidad productiva se colapsó, se acabó la posibilidad de subsistir en las comunidades rurales; se rompió su tejido social; se agravó el hambre y la pobreza-miseria extrema; se aceleró la migración masiva hacia los Estados Unidos: no son masas que persigan “el sueño americano”, sino que huyen de “la pesadilla mexicana”. No buscan un mejor nivel de vida —aunque algunos lo hayan logrado —, sino escapar de una muerte segura, aun arriesgando la vida.
 
Inicialmente el gobierno mexicano estaba encantado con el esquema, pues se redujo la presión sobre los recursos públicos —que ahora podían dedicarse mayormente a los sectores “realmente productivos”—; se alivió el problema del desempleo y se redujo la necesidad urgente de crear nuevos empleos; se eliminó un foco potencial de inestabilidad social; los migrantes se ocupaban de la subsistencia de sus familiares quedados atrás; la demanda de apoyos y recursos para infraestructura se redujo; y se empezó a recibir un río de divisas mediante las remesas, siempre crecientes. La reducción en la producción de maíz en sectores tradicionales “ineficientes” se suplió cómodamente importando el grano. Fox declaró que lo mejor que podían hacer los campesinos era irse de jardineros al otro lado. Los ingresos fiscales y los excedentes del petróleo, cada vez mayores, se pudieron destinar al gasto corriente, a sueldos elevados de la alta burocracia; a cubrir compromisos como el FOBAPROA-IPAB, PIDIREGAS, a pagar deuda externa e interna, a facilitar la concentración de riqueza en pocas manos, a debilitar a PEMEX, CFE, y así facilitar su gradual privatización. Pero las cosas han tomado otro rumbo. La xenofobia antiinmigrante en grandes sectores de los Estado Unidos está haciendo cada vez más peligrosa la aventura de cruzar al otro lado. La posible recesión venidera en aquel país va a provocar más desempleo y mayores agresiones contra los migrantes. Las remesas se van a reducir. De este lado, las condiciones del empleo en México son tan precarias, que no se podría acomodar a un número importante de mexicanos que quisieran, o se vieran forzados a regresar al país.
 
¿Sería una solución renegociar el TLCAN? Un gobierno, con las políticas anti-campesinas que ha venido implantado, ¿estaría dispuesto a intentar una renegociación del capítulo agropecuario, con el cúmulo de dificultades que sobrevendrían? No se ve muy probable, por más presión que diversos sectores de la sociedad, pudieran ejercer.
 
Sin embargo, el TLCAN mismo parece ofrecer una respuesta, si hay voluntad política para aprovecharla. Dentro de los términos del Tratado se estipuló una salvaguarda conocida como “Cláusula de Escape” —“Escape Clause” en inglés— que en esencia estipula que si, por efecto de una competencia ruinosa, algún sector productivo de cualquiera de los tres países pudiera sufrir un daño irreversible, es posible aplicar esa previsión del Tratado (párrafo 3º del artículo 301). Es decir, no se requiere renegociar del Tratado para evitar la total destrucción del sector tradicional de campo mexicano; hay que aplicar la “Cláusula de Escape” y cambiar drásticamente las políticas públicas.
 
Pero el gobierno mexicano —sobre todo la SAGARPA— da la impresión de no estar muy preocupado por la situación del campo. Aducen cifras de producción agregadas, para demostrar que la realidad es mejor que nunca: “Hemos tenido una cosecha record de maíz, por lo cual no hay peligro de desabasto”; “el campo está creciendo casi al doble que otros sectores de la economía”; “el gobierno le está destinando al campo el mayor presupuesto en la historia del país”; “ya habemos productores de bajos ingresos que tenemos nuestro tractor, nuestra camionetita, que exportamos, gracias al TLC”, etc., según el bombardeo de spots radiofónicos. Es decir, la situación es color de rosa —tal vez en los enclaves “modernos”, mientras el campo tradicional está agonizando
 
Tampoco parece preocupado el gobierno por la posibilidad de un problema de inestabilidad social: el pueblo mexicano ha mostrado tal capacidad de aguante de todas las penalidades que las llamadas “reformas estructurales” le han impuesto, que sin duda puede aguantar todavía más. En todo caso, el gobierno parece considerar que está en capacidad de manejar manifestaciones de descontento, o políticamente, o mediante la represión —lo ha demostrado, y hay ya suficiente militarización por el combate al narco.
 
Pero, también debe considerar que llevamos muchos años de apelar al dicho: “Reata, no te revientes, que es el último jalón”… cuando los jalones han seguido y siguen. Se han sembrado demasiados vientos, y puede estar cerca el tiempo de cosechar. Hay que tomar en serio los planteamientos que se hacen desde el campo y los sectores preocupados por su evidente deterioro: “Sin maíz no hay país, y sin frijol tampoco” —se entiende, maíz y frijol producidos por campesinos e indígenas, no por enclaves de alta productividad, o importados—. Más profundamente aún, es una verdad incontrovertible que sin campesinos, sin indígenas, México dejaría de ser México.
 
La agresión hacia el campo no tiene precedentes. Se puede hablar, sin exageración, de un auténtico genocidio de la población rural de México —sin necesidad de balas—, con el correlativo ecocidio del medio ambiente. Sin duda, la historia juzgará a Salinas, Zedillo y Fox como responsables de este genocidio/ecocidio. Para Calderón y su gabinete es aún tiempo de acatar el clamor social creciente, aplicar ya la “Cláusula de Escape”, e iniciar en serio la reconstrucción del campo. De otro modo corren el peligro de tener que cargar también con el calificativo histórico de genocidas.
 
*Doctor en Sociología por la Universidad de Harvard, durante 30 años colaboró con comunidades campesinas e indígenas.
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